La juma de ayer. Cuando la farra no para

Rumba, alcohol, música con mis amigos. Algunas veces se descontrola y no paramos. No sabemos que el consumo extendido en el tiempo, de niveles regulares de alcohol, merma la salud de nuestro organismo rápidamente. En cuatro publicaciones y con la canción de Henri Fiol de fondo, hablemos de alcohol.

La gastrónoma

Angélica María* tiene 21 años. A los trece probó por primera vez el alcohol y su historia, con él a bordo, no ha sido tan bonita.

“Yo era brincona cuando niña, me gustaba subirme a los palos y toda esa vuelta, siempre me gusto aprender de forma autónoma, montar en bicicleta, nadar, etc. Pero mis papás me infundían miedo”, dice, sin embargo hoy está consciente de que sus padres no nacieron con la experiencia para criar hijos, y que tal vez la vigilaban para protegerla. Ella siempre sintió que no pertenecía a ningún lugar, que sobraba y que por ser gorda la menospreciaban, ella recuerda que su hermano fácilmente socializaba y hacía amigos donde quería, mientras que a ella le costaba trabajo integrarse. Es extraño ver a esta joven y compararla con el retrato que hace de sí, si alguno de ustedes se la encontrara en la calle no podría identificarla según ella se describe, yo por el contrario la veo muy simpática y sociable, no encuentro rasgo alguno de no encajar en un grupo, hasta podría liderar uno; claramente es una persona inteligente que sabe llevar paso a paso la entrevista, conoce las palabras claves para que el relato esté construido de forma convincente, no quiere dejar nada a la suerte, rodea y soporta su historia con un relato hecho desde el análisis, poniendo una palabra aquí y otra allí hasta configurar la tormenta perfecta.

 

“Yo nunca expresaba lo que sentía y lo que pensaba, tenía temor a que se burlaran y me rechazaran”.

 

elnudo: ¿Crees qué eras una niña normal?

Angélica María: Creo que ellos me veían como una niña normal, pero yo sabía que no lo era. Dentro de mi había inconformidad, fue como una bolita de nieve que empezó a crecer, hasta que en un momento se estrella y se rompe. Eran sentimientos muy malucos en el pecho. Tuve amigos, si, pero no era una niña feliz.

Hay dos hechos que recuerda y que muestran como se sentía:

“Otro momento que también me marcó mucho fue que en alguna de esas revisiones que hacían de las cabezas de los estudiantes para ver si tenían piojos, yo tenía, y en esa época a uno lo sacaban al frente de todos ¡que vergüenza! Aunque no fui la única, sentí una humillación muy grande, un sentimiento de rabia, resentimiento, las burlas, miedo, etc. Ya no quise salir al recreo varios días”.

 

En mi curso había un grupo de amigos que eran los locos, ellos ya tomaban. Un día me invitaron a ir a una casa, y empezaron a beber y a fumar, yo tenía por ahí unos diez o doce años, sentí una cosa muy fea. No volví a salir con ellos”.

 

Ya en octavo me invitaron a una fiesta, no me dejaban salir pues era muy niña, pero a esa fiesta mis papas lo permitieron; ese día entré como si hubiera llegado al paraíso, ese día tuve mi primera experiencia con el alcohol, allí todos fumando y había trago. Sentí una sensación de libertad y tranquilidad impresionante, como si hubiera entrado a un campo de paz. Me emborrache, me acuerdo de que tomé aguardiente y cerveza. En el colegio eso fue un chismero brutal, ¡Que Angélica María hizo show!

 

Entonces pensé que tenía que aprender a beber y me reuní con mis amigas, y en confianza empezamos a tomar una vez por semana. Una de mis tácticas para llegar a mi casa y que no se dieran cuenta era comer pan, que vaina tan efectiva, nunca supieron. A mis trece aprendí a fumar, desde esa edad hasta los quince años tuve una relación con el alcohol muy camuflada, pero siempre quería que llegara el viernes, para estar con mis amigas, reírme y sentir esa sensación que me generaba el alcohol, de vez en cuando no me acordaba de algunas cosas y los shows eran normales para mi.

 

Elnudo: ¿Qué era un show?

 

Angélica María: Pues empezaba a llamar la atención, que me notara, a gritar muy fuerte, mas sociable, habladora, entradora, era como una dosis de… me suelto, puedo conversar, no me da pena, como loca, que todos me vieran, pero siempre preguntaba al otro día, que había hecho, eso me generaba angustia, pues se burlaban de mi. “Oiga usted si es boletosa, me decían. Que guayabos tan malucos”.

 

Terminé el colegio a los 16 años, en ese transcurso de octavo a once fue un descontrol total, también se empezó a abrir el mundo de las drogas, probé la marihuana con unos amigos del colegio en una convivencia, mis primeros plones, que sensación tan chimba, relajada; desde ahí me gusto esa vaina y lo hacia seguido.

 

Yo no veía otros planes, todo lo que hacia giraba en torno al alcohol, ir a cine noooooo, solo me gustaban los planes con trago y se volvió más frecuente.

 

Elnudo: ¿Cada cuánto era más frecuente?

 

Angélica María: Empecé a hacerlo entre semana.

 

Mis amigas me buscaban harto, mis amigas me quieren: “ya vamos para su casa, salgamos, vamos”, pero igual me sentía vacía, ya no era parcera con mi hermano, se empezó a dañar todo, la relación con mi papá se rompió de tal manera que yo ya no hablaba con él.

 

Me fui a estudiar gastronomía a Bogotá y a vivir donde unos tíos, allá la gente ya no quería salir conmigo porque terminaba llorando, peleando, grosera, una boleta. Dejé de ir a la universidad y empecé a perder materias.

 

A los 17 años empecé a trabajar, con unas chicas muy pilas de la universidad. Se fumaban sus porros pero pilosas.

 

En Bogotá empecé con la costumbre de perderme varios días y todos en la casa se quedaban angustiados, además me volví toda mentirosa, les decía que tenía que pagar cosas de la universidad y mis papas me enviaban plata, pero yo me la gastaba en otras cosas. Así hasta mis 20 años. No pude terminar la carrera y me volví a Neiva. Aquí empecé a estudiar otra carrera, pero mi comportamiento con el alcohol no cambió, hasta que un día ya por fin les dije a mis papás que creía que tenía problemas con el alcohol, buscamos y encontramos los A.A. Así que me programé para ir.

 

A las seis y media de la noche me fui para la reunión, entré con mi mamá por que me dio miedo ir sola, eran un poco de viejitos. Al principio no hubo identificación, pero un día ya me declaré: “buenas noches, mi nombre es Angélica María y soy alcohólica”.

 

Allá llegué el 8 de abril de 2017 y durante dos meses no paré de tomar, no fui constante, continué con mis borracheras, pero desde el 13 de julio de ese año no he vuelvo a beber, cambió mi vida. Tengo 22 años y llevo dos años abstemia, terminé mi carrera y estoy superpegada al grupo. Esto ha sido una odisea, estando en el grupo me di cuenta que no solo es parar de beber, si no vivir sin beber y tener una vida integra, útil y feliz, además de convivir con mi enfermedad. Todo este transcurso sin beber ha valido la pena, pero ha sido un proceso doloroso.

 

*Su nombre, imagen y voz ha sido modificados para proteger su identidad e integridad.